Ansiedad infantil


ANSIEDAD INFANTIL

Todos hemos sentido temor o ansiedad por lo que nos deparará futuro. La diferencia entre uno y el otro, es que el miedo ocurre en el momento preciso mientras que la ansiedad consiste en anticiparse a los sucesos con pensamientos negativos y recurrentes acerca del porvenir. En los niños la ansiedad se entiende como una respuesta desproporcionada ante la presencia o ausencia de algún estímulo.

La ansiedad en la niñez puede manifestarse mediante síntomas comportamentales, cognitivos y emocionales. El comportamiento de los menores podría reflejar falta de apetito, problemas de sueño, irritabilidad, mayor actividad, dificultades atencionales, entre otros síntomas. Por otro lado, los pensamientos que más atemorizan o podrían generar ansiedad varían de acuerdo a la edad del desarrollo como lo expresa el siguiente cuadro:

Edad
Temores
0 a 12 meses 
Sonidos fuertes, insatisfacción de sus necesidades básicas, personas y ojetos extraños y a la separación
12 meses a 30 meses
Miedo a la separación, a extraños, animales, fenómenos naturales, extraños y tormentas
30 meses a 6 años
El temor es relacionado a su entorno e imaginación, a la separación de sus padres, a estar sólo, animales, mostruos, fantasmas y a la oscuridad
6 a 11 años
Accidentes de tráficos, quemaduras, muerte, heridas, sangre e inyecciones
11 a 13 años
Animales, críticas, no encajar en el circulo social, a problemas ecónomicos o perdida del año escolar
13 a 18 años
Fracaso acádemico, en las relaciones interpersonales y al sexo.
(Basado en Valiente, Sandín, & Chorot, 2010)

Los adultos jugamos un papel muy importante en la prevención y el manejo de las emociones. Los niños buscan desde bebés tener un apego seguro con sus padres, la cual previene los miedos y ayuda a combatirlos. Por lo anterior, es recomendable que existan ambientes estructurados a través de normas claras, amor, juegos con otros, aceptación y empatía sobre sus emociones.

También se sugiere no "sobrecargar" a los niños con comentarios negativos o responsabilidades que sobrepasen sus capacidades. Por ejemplo, un niño de 8 años, no debe responsabilizarse de cargas económicas. 

De igual forma, establecer hábitos sanos e incorporar rutinas ayuda a que se sientan seguros y con confianza en su medio. Las rutinas ayudan a establecer las bases de la planificación y organización, también fomentan la responsabilidad e independencia y reduce el estrés. Sin embargo, estas rutinas pueden tener momentos de variación, para así enseñarle al niño a adaptarse a nuevos eventos, esto quiere decir que es importante ser flexible con algunos tiempos y actividades.


Bibliografía

Valiente, R., Sandín, B., & Chorot, P. (2010). Miedos en la infancia y la adolescencia, Editorial UNED, Madrid, España.




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